15 sept. 2011

Los Buenos Pastores.!!



Creo que hoy es difícil encontrar pastores de oficio. No es extraño. Ser pastor hoy, en el siglo del progreso y la vida urbana, no es fácil. Marchar al monte con las ovejas y el perro, estar sólo, carecer de los servicios más indispensables que la técnica ha puesto al servicio del hombre en los núcleos urbanos, no resulta apetecible, en general. Es cada día más raro ver la imagen del hombre que vuelve al caer de la tarde intentando que el rebaño no se desmande, que saluda campechanadamente  a los que se cruzan con él, ya es casi una imagen de "leyenda", de las que hay que ir transmitiendo de generación en generación para que no se pierda.


En franco contraste con esta realidad, hay cada día más "pastores" en la vida social. Hay una verdadera inflación de personas dispuestas a guiar a los hombres, dispuestas a convertirse en "líderes" -tradución moderna y urbana del pastor-, cada día más hombres y más grupos que pretenden meter en su redil particular a los demás.


Lo que no sé es si estos líderes han estudiado detenidamente cuáles son las cualidades específicas del pastor; no sé si están dispuestos, por encima de todo, a procurar a los hombres "buenos pastos", a seguirlos por los caminos enriscados y a buscarlos cuando los necesiten, aun con peligro de su vida. Y todo ello sin pedir a cambio más que la alegría inmensa de tener el rebaño completo y de recuperar la oveja perdida, en caso de que se pierda.


Un buen pastor quizá debe distinguirse por una cosa: por la unidad de su rebaño. Cuando al final del día el rebaño vuelve al redil unido, sin disonancias, no se puede evitar el asombro que produce un hombre sencillo conduciendo -cosa no fácil- un rebaño y logrando que ninguno de sus componentes se quede rezagado, se divida y, mucho menos, embista a otro integrante del grupo. Para lograrlo, ¡cuánta atención, cuánto amor, cuanta generosidad por parte del pastor! Pero, sin duda, ¡cuánta alegría cuando haya conseguido recoger el rebaño y contemplar que están todas las ovejas y todas "en armonía"! Si eso es así, quizá habría que pasar revista a las cualidades que adornan a nuestros pastores y a las intenciones que tienen para guiar a los hombres, porque quizá una de las cosas que salta a la vista inmediatamente es que la grey humana anda excesivamente encrespada; que las ovejas se pelean entre sí con demasiada frecuencia y que en estas peleas los pastores no son ajenos, sino, en muchas ocasiones, causa y motivo del tumulto.


Ciertamente, cada pastor parece buscar su propio interés con independencia del interés general, en el que debían coincidir con más frecuencia de lo que lo hacen, porque no deja de resultar chocante que si todos buscan, como dicen y proclaman en alta voz, la felicidad del hombre, la busquen por caminos tan opuestos y con una enemistad tan profunda. En la crónica política general -campo donde abundan extraordinariamente los aspirantes a pastor-, la enemistad entre los líderes es patente, pero no una enemistad ideológica, dispuesta a aceptar la confrontación serena y objetiva con ánimo de encontrar en el resultado de esa confrontación lo mejor para los hombres, sino una enemistad irreconciliable, dura, agresiva y despiadada que, en la mayor parte de las ocasiones, lleva al destrozo del rebaño (resultado que jamás debería aceptar un buen pastor). Y, contagiadas de los ánimos del pastor, las ovejas se vuelven ariscas y desagradables, se agrupan en rebaños enemigos y se embisten con más fuerza que raciocinio, dando muestras de una agresividad verdaderamente sorprendente y peligrosa.


Urgen pastores buenos, en el literal sentido de la palabra. Pastores dispuestos a vivir junto a las ovejas, aguantando la soledad, la sed, el hambre, el calor y el viento. Pastores que prediquen con su ejemplo, que no busquen el medro personal, el poder, la vanidad, el halago. No será fácil encontrarlos. Me temo que en la vida sociopolítica encontrar buenos pastores va a ser tan difícil como en la actividad "ganadera" y quizá por las misas causas: porque ser buen pastor es duro.

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